Lo hemos conseguido, ya somos maratonianos :)
Ha sido la prueba física más dura que he pasado nunca en toda mi vida, realmente hay una diferencia muy grande entre un medio maratón y un maratón, no es simplemente que sean más kilómetros, es superar la traumática barrera de quedarte "vacío", sin fuerzas casi ni para andar, pero empecemos por el principio.
Los días previos los pasé nerviosillo, sabes que es una prueba diferente, y te hace estar intranquilo, yendo a recoger el dorsal, yendo a la pasta party, se respira un ambiente especial, un "vamos a ser maratonianos", un "no todo el mundo puede ser como nosotros", que te hace sentirte un héroe y a la vez sentirte nervioso. El ambiente pre-carrera es una pasada, todo el mundo está igual que tú, creo que se pone nervioso hasta el que ha corrido una docena de maratones, y aún así el nerviosismo hace que todo el mundo le tenga un gran respeto a la prueba, apenas si hay competitividad, en cualquier otra carrera ver a la gente nerviosa significa que no quieren perder ni un segundo en abrir la botella de un avituallamiento, o en un adelantamiento, pero aquí el nerviosismo de la gente hace que salgan a casi siete minutos el kilómetro, disfrutando de la prueba. Esto es algo así como la vuelta al campo triunfal de un equipo que ya ha ganado la liga: "somos corredores de fondo y os vamos a demostrar lo que sabemos hacer".

La subida por La Castellana es súper bonita, es Madrid en todo su esplendor, subo con
Ana, los dos vamos contentos y felices, despacito, bien, disfrutando... incluso era capaz de sacar el móvil y tirar alguna foto.

La bajada hasta Moncloa, también genial, sobre todo al final cuando llegas a la calle Mayor y pasas por la Puerta del Sol, una delicia, da igual que esté en obras desde ni se sabe el tiempo, la Puerta del Sol es bonita aunque no quieran que lo sea. Llegamos a Colón de nuevo, ahí están mi madre y
mi hermano animándonos, llegamos como una rosa, 21 kilómetros ya los hemos corrido otras veces en menos tiempo, todavía no se nota el cansancio.

Al llegar a Príncipe de Vergara, allá por el kilómetro 24, empiezo a echar en falta el entrenamiento que tuve que sacrificar para recuperar la periostitis, el entrenamiento específico de maratón que no pude hacer y la novatada de haber corrido más que nunca en toda mi vida. Ahí es donde le digo a Ana que tire, que a mí no me queda otra que ir más despacio. Me voy comiendo el coco todo lo que puedo para no parar, me voy poniendo música más animada, voy intentando no pensar en que llevo treinta kilómetros corriendo y en que los toboganes me están matando, y así poco a poco va apareciendo en escena el muro, trato de apagarlo parando a beber en todos los avituallamientos, el 30, el 32'5, el 35, bebiendo un par de vasitos de Gatorade y una botella de agua, el calor que hacía en Madrid me estaba matando... y fue en el avituallamiento del 37,5 cuando caí, porque ahí ya no quedaba nada, la única opción era beber Réflex o buscar en las botellas de la pila botellas vacías de otros corredores alguna con tapón, suena triste, pero en los últimos metros hasta llegar ahí había empezado a ver manchitas verdes y amarillas en el suelo, supongo que me estaba deshidratando... Fue entonces cuando vi aparecer a mi ángel de la guarda disfrazada de
alicianuro con una botella de litro y medio de agua, que me bebí sin darme cuenta de lo seco que estaba. Igual hubiese caído al suelo deshidratado de no ser por ella, así que desde hoy
alicianuro es para mí persona de culto :D ¡Mil gracias desde aquí! ¡Te debo una caña!
Después fui corriendo a marchas forzadas hasta casi el kilómetro 39, pero estaba roto, vacío, sin fuerzas, no podía dar ni un paso más, casi ni andando, prácticamente estaba convenciendo a mi cuerpo de que no podía parar, porque entonces no seguiría andando. En ese momento sentía un hambre atroz, por mi mente pasaban casi de forma automática distintos tipos de bocadillos, de panceta con tomate, de tortilla con pimientos, nunca en toda mi vida he sentido tanto hambre en una carrera.
Llego andando hasta el kilómetro 41, la gente me grita que ya está ahí la meta, que no queda nada, que un último esfuerzo, pero no hay fuerzas, no se puede, yo sigo andando y me encuentro allí a mi madre, que ha venido a buscarme para acompañarme andando hasta El Retiro, ni sus gritos de ánimo me sirven, literalmente casi no tengo fuerzas ni para andar. Aunque sea como sea, no pienso entrar en meta andando, así que al entrar en El Retiro, casi de forma automática, empiezo a "correr", y allí en la meta está mi hermano, que me graba, y Miguel y
Pascualín, que me gritan como si hubiese salvado a la humanidad, y hago meta en poco más de cinco horas: 5:07:33, ya está, ya soy maratoniano, un mensaje de mi amiga Laura me lo confirmaba más tarde, me había seguido desde Valencia y ya era público al mundo gracias a Internet, lo había conseguido, ya era un maratoniano más, un loco de esos que corren hasta más allá de que el cuerpo les diga "no puedo más".

Me lo comí todo, todo, toda la bolsa de avituallamiento, y una hamburguesa gigante después, y una cerveza de medio litro, y me hubiese comido un ciervo relleno de pajaritos, ¡qué hambre tenía! Como en cada carrera, no podía faltar el "avituallamiento" posterior :)

Sea como sea, los héroes para mí sois vosotros, y si he llegado hasta aquí y hoy he conseguido llegar a la meta, ha sido porque gracias a
Ana he salido despacio y no he llegado al medio maratón en 1:45, porque gracias a Miguel y a
Pascualín, que me han ido llamando cada poco para darme ánimos, no me he venido abajo en los peores momentos, porque gracias a
alicianuro no he muerto deshidratado a cinco kilómetros de la meta, porque gracias a mi madre y a
mi hermano no me he sentido nunca solo desde las siete de la mañana, porque sé que Laura y otros tantos se acordaron de mí esta mañana y estuvieron viendo mis tiempos y mandándome energías, así que hoy cada uno debería tener su pedacito de la medalla que me han dado al hacer meta, ¡gracias de corazón!