Muchas semanas de preparación, muchas dudas, mucho nerviosismo, muchas ganas de hacerlo bien y, sobre todo, de disfrutar mucho el que sería mi tercer maratón. Tras un
debú desastroso en la distancia y
una revancha este año que me dejó con un inmejorable sabor de boca, me disponía a intentar atacar a las cuatro horas, a correr un maratón sabiendo que puedo terminarlo en condiciones e intentar, esta vez, luchar contra el reloj. Y sería en Berlín. Berlín es una ciudad muy chula, los edificios son muy modernos, ya que fue destruida y reconstruida hace relativamente poco tiempo. Las avenidas son amplias y hay mucha zona verde, muchas bicicletas. Si no fuese por cual era nuestra empresa para este viaje, seguro habríamos alquilado un par de bicicletas para recorrer una ciudad que, como debería ser en todas las capitales europeas (y a ver cuándo Madrid se pone al día), está perfectamente adaptada para la bicicleta. Lo mejor de esta ciudad, que es perfectamente llana, parece hecha con nivelador, no encuentras una cuesta ni queriendo, el paraíso de todo corredor que persiga su mejor marca personal.

Se hablaba de unos 40.000 corredores, la verdad es que para toda la gente que éramos, la feria del corredor estaba bastante bien organizada, mucho mostrador donde recoger dorsales, no había casi colas. Y bueno, lo típico de una feria del corredor, mucho stand anunciando y vendiendo las últimas tecnologías que te permitirán hacer tu mejor marca, y muchos stands anunciando maratones por todo el mundo. Me sorprendió ver anunciado el maratón de Barcelona y no ver anunciado el de Madrid, supongo que por mucho que lo anuncien, es complicado engañar a la gente para que se venga a sufrir las cuestas de Madrid.

La carrera empezaba y terminaba en el que es el parque más grande y céntrico de Berlín: Tiergarten. Estaba literalmente invadido por los corredores y las infraestructuras de la organización para dar soporte al evento. Costaba moverse por allí, y más cuando te meten prisa para que te deshagas cuanto antes de la bolsa (incomprensible, cuando la recogida es exactamente en el mismo sitio) y corras a tu cajón; en nuestro caso el más lento de todos, salimos tan atrás que tardamos más de cinco minutos en pasar por la línea de salida desde que dieron el pistoletazo. Me despido de
Espirulina con todos mis buenos deseos, íbamos a ser trimaratonianos y había que disfrutarlo, la suerte estaba echada.

Por supuesto que iba a aplicar el
método Galloway, tan bien me había ido en mi anterior maratón, que intentaría demostrar que podía atacar al crono con él. Además me da mucha confianza saber que durante la carrera voy a ir guardando energías para después, cuando se trata de un maratón, no es ninguna tontería ser un poco precavido. Así que los primeros kilómetros pasaron con mucha calma, aceleraba progresivamente durante 1.500 metros, para parar a andar 100 metros y repetir esto una y otra vez. Primero se sale del gigantesco parque, pasando previamente por el Siegessäule, unos por un lado y otros por otro, yo recuerdo que pasé por el lado izquierdo. Después se recorre la parte norte de Berlín; el Reichstag, el Fernsehturm y así llego al kilómetro 10 en 0:57:24, bien. Desde ahí y hasta la media se pasa por zonas algo sosas, yo seguía a lo mío, buena música y un ritmo constante, me conformaría con pasar la media en menos de dos horas y así lo hice: 1:59:12.

Aquí uno empieza a fliparse y a pensar que si ha podido hacer medio maratón reservando fuerzas en ese tiempo, el otro medio quizá pueda hacerlo más rápido dándolo todo, y los kilómetros pasan entre cuentas, divisiones, multiplicaciones e imágenes de uno mismo entrando en meta con los brazos en alto. Por el kilómetro 25 se pasa por una especie de barrio residencial bastante bonito, con muchos árboles por el centro de las calles y un tono otoñal muy colorido. Una niña completamente aria me dio un plátano y yo seguí feliz, hasta que un poco más adelante empecé a sentir como los cuádriceps iban pidiendo clemencia, un dolor agudo en la parte delantera me iba frenando poco a poco. Aún así, aprovechaba los descansos de andar para aliviarlos y así llegué al kilómetro 30 en 2:50:03, podría conseguirlo, había hecho montones de entrenamientos de 12 kilómetros en menos de 1:10, así que tenía mucha confianza. Sin embargo, a partir del kilómetro 35 y, con ello, la entrada en la zona más céntrica de Berlín, el dolor se hizo completamente insufrible. Cada paso, cada zancada, cada vez que el peso de mi cuerpo caía sobre el músculo, mis cuádriceps chillaban y yo sentía un agudísimo dolor que me hacía ver las estrellas. Intentaba arreglar lo inevitable como podía, pero era imposible, cada vez que intentaba estirar se me montaba el músculo, y literalmente no fui capaz de encontrar un puesto de asistencia, cuánto me acordé de aquellos patinadores de MAPOMA... Así que acepté mi derrota y pensé que otra vez sería, sólo quería terminar el maratón cuanto antes y descansar, kilómetro 40 en 3:55:24. Y los últimos dos kilómetros fueron una auténtica pesadilla, no podía casi ni trotar, ni andar, miraba el Garmin cada pocos segundos, contaba los metros que quedaban, por fin llegó la puerta de Brandemburgo y tras ella la meta en
4:14:26. Curiosamente sólo seis segundos más que mi anterior marca.

Pros:
Sin lugar a dudas, el perfil. Es el pro más grande que tiene esta carrera, nunca encontraré un lugar más llano que Berlín, cada calle, cada avenida, cada túnel, todo es perfectamente llano, el corazón no sufre en ningún momento.
Es un maratón muy popular, por muy deprisa o muy despacio que corras, siempre hay gente corriendo a tu lado. Y además, la salida por cajones está bien organizada, se corre siempre bien y sin embudos ni adelantamientos bruscos.
La animación es muy buena, hay gente por todo el recorrido, hay puntos de música por todas partes e incluso gente que, altruistamente, coloca unos altavoces con música. Me encantaron unos chavales que había tocando con palos en unos bidones bajo un puente, el efecto era muy emocionante. Siempre te sientes arropado.

Contras:
Pues sintiéndolo mucho, uno se va con la sensación de haber sido timado, sí señores, esta carrera es un timo. La inscripción cuesta 55€, y eso incluye lo legalmente obligatorio, es decir, el dorsal y el avituallamiento en carrera, lo demás hay que pagarlo aparte. Es decir, comida de la pasta aparte, camiseta técnica aparte, chip aparte (piden un depósito y luego no lo devuelven), ah, y no hay bolsa del corredor, es sobre del corredor con el chip y el dorsal (y un montón de spam, claro). A veces uno piensa en qué se gastará el dinero la organización, y es que 40.000 corredores a 55€ (o más) por corredor son más de dos millones de euros, para que tengan la poca vergüenza de cobrar unos tristes macarrones aparte. Pues eso, un timo.
Además, durante la carrera, los avituallamientos son bastante decepcionantes. Sólo los dan a un lado de la carrera, y en unos vasitos de los que es imposible beber mientras corres, con lo que la gente se aglomera y es imposible beber sin pararte a andar. Y, por si esto fuese poco, para colmo de cutrerío, en lugar de comprar Gaterode, compraron polvos de bebida isotónica (marca
ACME) y los hacían en el momento con agua del grifo. Vamos, que para ser un maratón de 55€ se podían haber estirado un poco más.

Pese al sufrimiento final y al entrar casi arrastrándome por meta, estoy bastante contento. Primero porque en ningún momento tuve la sensación de que me faltase fondo, creo que he acostumbrado a mi corazón a aguantar más de cuatro horas corriendo sin que se disparen las pulsaciones. Segundo porque estoy cogiéndole el truco a esta distancia, como me pasó con la media maratón (y, por supuesto, salvando infinitamente las distancias), era un mundo para mí y ahora sé que puedo terminar una media sin problema, algo parecido pasa con el maratón. Y tercero porque sé que esto ha sido retrasar lo inevitable; sé que puedo bajar de 4 horas si se dan las condiciones para ello, y sé que algún día se darán, si no es el próximo maratón, será en el siguiente. Por otro lado, analizando lo que me pasó, mucho tiempo después, creo que puedo concluir que me faltó entrenamiento de fuerza. Todos los expertos coinciden en aconsejar una sesión de entrenamiento de fuerza por semana, y yo hace meses que no piso un gimnasio. Las gomas están muy bien, son muy bonitas y ocupan muy poco espacio, pero para un tiarrón como yo sirven de poco, así que bueno, me he propuesto ir de vez en cuando al gimnasio y fortalecer los músculos de las piernas en condiciones, sobre todo antes de una prueba de este calibre. Así que otra vez será, pero casi.