Odio el frío, lo odio, con todas mis ganas, me encantaría vivir en una ciudad donde las variaciones de temperatura fuesen entre 30º y 40º. No me gusta el invierno, nada de las cosas que tiene me gustan, qué se le va a hacer, a veces soy un tío arisco. A principios de enero salí a entrenar una mañana, -5º al principio del entrenamiento, -2º al final, al cabo de una hora, los dos primeros kilómetros fueron tiritando, el resto con mi cara helada, con los músculos encogidos, embutido en un montón de capas recordaba cuando volvía de trabajar el pasado agosto, montado en mi bici por la calle Goya, entre un todo-terreno y un autobús, disfrutando bajo un sol de justicia de unos 45º de delicioso calor devuelto por el asfalto (sí, adoro el calor), y me preguntaba, ¿de verdad disfruto con esto?
Cuando me enganché a hacer deporte, fue porque quería estar sano, porque quería quemar todas las calorías que comía, porque quería disfrutar con el ejercicio físico. Y, para mí, tirarme una hora con la cara congelada por el viento gélido, mientras mi cuerpo lucha por romper a sudar, no es disfrutar. No es cuestión de rechazar el sufrimiento, me encanta decidir que este último kilómetro hasta meta va a ser a tope y exigírmelo, me encanta decidir que si he llegado hasta aquí a este ritmo, éste va a ser el ritmo con el que voy a continuar, sin embargo, quiero ser yo el que decida si sufro y cuánto sufro, y no las condiciones atmosféricas. Por eso pensé: ¿realmente necesito correr ahora? Voy a nadar tres veces por semana, lo que supone casi cuatro kilómetros con bastante intensidad, de vez en cuando voy a escalar, al gimnasio y como bastante sano. El único motivo que me queda es el mejorar marca en alguna distancia, ahora que hay carreras propicias para ello, pero mejor ser sensato, mi vida no depende de ello, y además habrá muchas más ocasiones para conseguirlo. Así es que me prometí a mí mismo no volver a salir a entrenar hasta que no hiciese una temperatura razonable, y qué fácil me ha sido cumplirlo, sólo he ido a tres carreras para no perder del todo el tono.
Es por ello que la media maratón de Getafe no me viene bien, sí, estoy apuntado, pero no tiene sentido meterme 21Km de competición sin haber entrenado en todo el mes, me alegra tomar esta decisión, porque sé que hace meses habría ido de cabeza. Lo bueno es que vuelven unas temperaturas menos frías y volveré a salir a entrenar, me he animado a MAPOMA, voy a intentar correrlo con un entrenamiento en condiciones y tras una buena etapa, por primera vez sin ir con el tiempo justo tras una lesión. Y lo mejor es que quedan 13 semanas, así que será una semana de aclimatación y doce de entrenamiento, entrenamiento que me está confeccionando Espirulina y que va a hacer que corra como un galgo, probaremos un entrenamiento de menos kilómetros pero de más calidad, combinándolo con el resto de deportes, estoy deseando echarle un vistazo; este año corremos los dos, y mis piernas son las que se mueven.
Os debo unas cuantas crónicas, a ver si me pongo con ello. Cuarto maratón, tercer MAPOMA, allá voy!!











