viernes 31 de julio de 2009

II Acuatlón Villa de Madrid

El día siguiente a la II Travesía de Pareja, por si acaso no había tenido bastante con nadar 2.500 metros del tirón, me fui a la Casa de Campo a participar en mi primer acuatlón, una prueba que incluye tres segmentos donde se corre en el primero, se nada en el segundo y se vuelve a correr en el tercero. Esta prueba, organizada por Laetus, es uno de los acuatlones que hay en Madrid, por lo que, pese a la paliza del día anterior, me animé a ir y probar la experiencia. El recorrido constaba de 2.250 metros de carrera a pie en dos vueltas, un triángulo (un poco mayor que el del triatlón Villa de Madrid del mes anterior) de 900 metros a nado, y otra vez el mismo recorrido de 2.250 metros de correr.


Se notaba mucho nivel en esta prueba, mucha gente de clubes y mucha gente venida de otras partes de España para participar aquí. Había gente que corría con el gorro y las gafas en un bolsillo del tri-traje, incluso me pareció ver a uno correr con el gorro de natación puesto, hay que ver lo agonías que es la gente para ahorrarse unos míseros segundos en la transición. Otra vez nervios, esto de tener la carrera a pie lo primero es nuevo para mí, y me da la sensación de que en cuanto peguen el pistoletazo de salida se van a largar toda esta panda de gacelas y me van a dejar a mí solo. Nada más lejos de la realidad, efectivamente nada más dar los jueces la salida, la gente salió corriendo como alma que lleva el diablo, y yo detrás intentando engancharme. La primera vuelta la di con un grupo detrás de unas cinco personas, y detrás de ellos como tres o cuatro más, en la segunda vuelta me adelantó el grupete y terminé el primer segmento el tercero por la cola, en lo que me pareció una carrera en la que corría muy lento. Claro, comparado con el resto, pero después, viendo la clasificación, me percaté de que había hecho ese primer tramo en 8:31, es decir, ¡¡a 3:50/Km!! No había corrido más rápido en mi vida, esto es de locos.


La transición de correr a agua se hace muy rápida, fuera zapatillas y te vas poniendo el gorro y las gafas mientras corres hacia el agua, muy divertido y muy agónico. Según llegué al agua me di cuenta de mi fallo de novato, en los anteriores triatlones, al ser la natación la primera prueba, me quedaba con referencias antes de tirarme al agua, pero aquí, al ir con tanta rapidez, me vi dentro del agua buscando las boyas hacia dónde tenía que nadar e intentando imaginarme cómo ir recto, pues el resto de participantes estaban ya desperdigados como para seguirlos. Para otra vez, me paso por el agua a echar un vistazo antes. Entre eso, que me hizo seguro nadar mucha más distancia de la oficial, por desorientarme mucho, las dichosas gafas que jubilé en esa prueba para siempre, que me dieron bastante guerra, y la paliza del día anterior, me salió una parte de natación bastante mala, haciendo los 900 metros en 21:29, bastante mejorable.


El último trozo de carrera me salió en 11:14, a 5:00/Km clavados incluyendo la transición, bastante bien para cómo estaba ya mi alma a esas alturas. Termino en 41:14, último de mi categoría, antepenúltimo de la prueba, contento con la experiencia, muy cansado después de la paliza que supone correr y nadar a esos niveles.


La experiencia es buena, muy positiva, sin embargo la prueba se hace mucho más agónica que un triatlón, porque mientras que en la parte de natación de un triatlón vas guardando para después, aquí no hay ninguna parte de guardar, siendo todo a toda pastilla. Por otro lado, empezar la prueba con el agua es mucho menos taquicárdico que tirarte al agua después de haber corrido como un loco, al entrar al agua, las pulsaciones las tienes por las nubes, y cuesta bastante acomodar la respiración a las brazadas. Supongo que todo esto, se entrena, y lo iré mejorando con el tiempo, como todo.


Por su parte, Laetus estuvo, como siempre, a la altura, con una organización muy buena, hicieron una prueba paralela popular (de 1.200m - 600m - 1.200m) y cuidaron cada detalle. En la bolsa, además del gorro, dorsal y demás parafernalia, venían unos calcetines técnicos, lo cuál se agradece cuando uno está cansado de amontonar camisetas en casa. Y bueno, agradecer a Ana y a mi madre el haber estado acompañándome en mi debut como acuatleta, ¡sin vosotras no hubiese sido lo mismo!


jueves 30 de julio de 2009

II Travesía de Pareja

Una travesía es lo que una carrera popular es a correr o una marcha cicloturista a pedalear, es decir, recorrer una distancia a nado en una sola prueba, sin que forme parte de una prueba mayor como el triatlón o el acuatlón. Desde que aprendí a nadar bien y me inicié en el triatlón, me llamó la atención participar en una, por ver las sensaciones de nadar una "larga" distancia durante mucho tiempo y por ver cómo es exprimirse nadando sabiendo que no hay que reservar para nada más, aunque esto último vendrá más adelante, porque cuando uno debuta, y más en pruebas de este tipo, lo que se va pensando es en acabar en un tiempo digno (si se queda último, al menos a no mucha distancia del penúltimo) y disfrutar de la experiencia, que para eso estamos a lo que estamos.


La travesía de Pareja se celebra a mediados de julio en Pareja (que no es que sea por parejas, es que el pueblo se llama así), un pueblo de Guadalajara con un precioso entorno natural que tiene un embalse ideal para celebrar una prueba de este tipo. La prueba la organiza el Club Triatlón Guadalajara y consiste en recorrer a nado 2.500 metros en un recorrido triangular de dos vueltas delimitado por dos boyas y un pequeño islote. El agua está limpia y se nada bastante bien.


Para la ocasión, la gente del club despliega unas cuantos puestos para vender equipación para los nadadores y unos cuantas atracciones hinchables para los más pequeños. También, y previa a la prueba, se organiza otra de 500 metros para las categorías inferiores y para todo aquél que quiera participar sin tener que machacarse. La inscripción costó 10€ y, además de la camiseta técnica (bien chula, con varias tallas) que nos dieron, una medalla (también chula), el avituallamiento y el gorro para nadar, incluía un ticket para una paellada que se celebraría posteriormente en el pueblo, un chollo, vamos.


Mentiría si dijese que no estaba nervioso, nunca había nadado esa distancia y además no éramos muchos los que íbamos a participar, seríamos pocos más de cien personas. Además ya se sabe que en estos deportes los participantes no suelen ser muy populares; el desfile de musculitos y abdominales previos a la prueba llega a asustar, y bueno, yo nadar nado, pero mi técnica tampoco es como para deslizarme por encima del agua como un boquerón. Pero sí es verdad que en cuando pegan el bocinazo de salida y se lía la de San Quintín a brazadas y patadas, no hay lugar para nervios, uno se centra en nadar y se acabó. Pero hasta entonces, había que meterse al agua, porque la salida era desde dentro, y yo ya estaba cansado y todo antes de empezar con sólo mantenerme a flote; mi gozo en un pozo.


La primera vuelta se me dio bien, la primera boya llegó antes de lo esperado y la segunda, aunque se hizo esperar, también llegó. Tuve que parar un par de veces a sacarme el agua de las gafas (las malditas gafas y yo, eterno problema), pero bien, sin mucho problema. En la segunda vuelta me encontré más incómodo, tuve que parar más veces a vaciarme las gafas de agua y me desorienté unas cuantas veces. Lo bueno es que hay muchas piraguas de la organización que van "empujando" a los nadadores hacia las boyas, con lo que los despistes tampoco son tan graves. Cuando llevaba unos 1.500 metros, el gemelo derecho amenazaba con montarse (terrible dolor), y los hombros me dolían a pinchazos, así que tuve que acostumbrarme y bajar un poco el ritmo para no sufrir calambres.


Cuando por fin uno llega a la última boya, gira, y enfila el camino hacia la rampa que sale del agua, tiene una sensación parecida al último kilómetro de una carrera; ya nada puede pararte. Durante el desarrollo de la prueba, cada vez tenía a menos nadadores cerca de mí, hasta el punto de que al final había un par de chicas con las que intercambiaba adelantamientos, y llegando a la meta vi a una como a unos 20 metros de mí, por ridículo que parezca me propuse adelantarla, lo conseguí, y al llegar a la pronunciada rampa de salida, donde había un chico de la organización ayudando a salir a la gente, por culpa de hacer un esfuerzo para alcanzar su mano, se me montó por fin el gemelo derecho. Grandísimo dolor y penosa salida del agua, pero bueno, a los 5 segundos salí de allí y corrí hacia la meta, el chico de megafonía tiene el detalle de decir mi nombre, y yo contento y orgulloso de haber podido hacer algo que, hace un año y medio cuando aprendí a nadar, me hubiese parecido imposible.


Consigo bajar de una hora, termino en 0:58:59 y a reponer energías. Espirulina y yo tiramos para Pareja, donde la paella prometida incluye un vaso de sangría y un flan, y un ambiente en el pueblo muy entretenido durante la entrega de premios, donde las cervecitas iban y venían. La organización muy bien en todo, aunque sí es verdad que todavía no han colgado las clasificaciones, pero bueno, hay que perdonárselo por el nivel organizativo que hay en la prueba.


miércoles 29 de julio de 2009

XVII Triatlón Cross de Tres Cantos

Laetus organiza un triatlón a principios de julio en el parque central de Tres Cantos, es un triatlón cross de distancia pseudo-sprint, dado que se rebaja un poco la distancia para que la dureza sea la misma. Para populares y gente de a pie que quiere ir probando sensaciones en el triatlón, había una prueba popular de distancia super sprint, para los federados, los locos y petados de este deporte, el sprint. Espirulina iba a probar suerte en este deporte, para mí sería mi tercer triatlón. Ella, pese a todos los nervios que llevaba y lo dura que se hizo la bici, hizo un maravilloso papel, nadando como una sardina y llegando incluso a quedar la quinta en la parte de la carrera de a pie, pero mejor se lo leéis a ella.


Yo, por mi parte, era la primera vez que participaba en un triatlón cross, la parte del agua se me dio bastante bien, gracias a la labor de la organización y del ayuntamiento de Tres Cantos, el agua estaba genial, sobre todo comparada con la del Lago de la Casa de Campo, ¡incluso podías ver el fondo mientras nadabas! Había muchas algas, eso sí, pero tampoco como para frenarse por eso, conseguí hacer los 750m de natación en 16:17, mejor natación en sprint hasta el momento, así que salí del agua muy contento.


Lo gordo vino en la bici, eran tres vueltas a un circuito por el parque, con bici de montaña, yo sabía que iba a ser duro, pero no sabía que fuese a ser una tortura semejante. El circuito era terrible, unas bajadas y subidas muy técnicas, con mucha pendiente (de hecho hubo una chica del popular que se cayó dando vueltas de campana), tramos de arena y gravilla muy resbaladizos y unos caminos muy estrechos al borde de caídas. Personalmente me pareció un circuito peligrosísimo, sobre todo teniendo en cuenta lo mal que voy con la bici y los adelantamientos que me hicieron, tuve que echar pie a tierra incontables veces y en algunas ocasiones estuve a punto de caerme de la bici, lo pasé fatal, sobre todo porque la rueda trasera empezó a perder aire (en ese momento no me di cuenta, pero luego supe que había pinchado, hice como dos de las tres vueltas con la rueda pinchada) y me derrapaba una barbaridad. Total, que cuando me bajé de la bici (hice 54:23), iba el último.


Por suerte, al haberme machacado más psicológica que físicamente en la bici, las piernas no las llevaba muy castigadas, y pude hacer los cuatro kilómetros de carrera a pie en 21:12, recuperando un par de puestos y quedando el antepenúltimo de la prueba. Lo cuál no me importa demasiado, porque conseguí terminar y superar un reto bastante duro para mí, pero está claro que yo soy un bicho de ciudad, y que por la montaña no se me ha perdido nada, ni para correr ni mucho menos para pedalear, lo pasé tan mal en la bici que dudo mucho que vuelva a dejarme caer por otra prueba con bici de cross (aunque bueno, igual es mucho decir), con lo bien (y lo rápido) que se va sobre asfalto con la super bici de carretera.


Por otro lado, desde el punto de vista de la diversión y la organización, el triatlón fue un éxito rotundo. Laetus nos tiene acostumbrados a un nivel bastante alto en lo que a organización de pruebas se refiere, cuidando cada detalle, y esta vez estuvieron a la altura, como siempre. Con la inscripción venía la típica parafernalia para los triatlones (gorro, pegatinas, bridas, etc.) y una camiseta, de tirantes, con varias tallas y técnica. Después de la carrera no faltó el avituallamiento y además tuvieron el bonito detalle de colocar unos vasos de papel al lado de las fuentes del parque para poder hidratarnos antes de la salida, que pegaba bastante el solete. Un buena tarde y un buen triatlón.


martes 28 de julio de 2009

CCCP-Q

CCCP-Q, que son las siglas de Carrera Caótica Clandestina Parque Paraíso - Quinta de los Molinos (y vuelta), o lo que es lo mismo, una panda de tíos colgaos que quedan una mañana para salir a correr por las soleadas calles que van desde el Parque Paraíso, con su auditorio, hasta el parque de la Quinta de los Molinos, con su molino. Como bien caótica que era, unos llevaron dorsal, otros no, unos llegaron a su hora, otros no, pero el problema más gordo nos lo encontramos cuando uno de nosotros exclamó: "¡el niño tiene sed y no hay naranjas!".


Y empezó la celebración del evento más maravilloso del año: el solsticio de verano, las noches más cortas, los días más largos, anochece más tarde y hace una temperatura razonable. La carrera estuvo genial, salimos del auditorio, pasamos por la calle Maratón, por la calle Cronos, señalizando cada kilómetro según era necesario, ¿no la queríamos homologada? Pues homologada quedó.


En el parque de la Quinta de los Molinos hubo un poco de despiste, es que no es lo mismo el recorrido sobre el papel que luego allí entre los árboles, así que hubo que rizar el rizo para que la cosa quedase bien cuadrada, por distancia que no sea. Después dimos de beber a las bestias, que estaban sedientas, y ya nos encontramos con el molino; "¡¡la fortuna va guiando nuestras cosas mejor de lo que deseáramos!!"



Y lo mejor, como casi siempre, vino al final, cuando, tras la carrera, calmamos nuestra sed y saciamos nuestro apetito en el Bar Uclés, uno de esos pequeños rincones de la tierra donde son capaces de servir ambrosía celestial, sin miedo, y el resto ya vino solo...


Si quiere enterarse de qué va esto, aquí tiene toda la información, el próximo solsticio puede ser aún más divertido, no dude en apuntarse, y si quiere dejar de leer sandeces, mejor lea a los otros participantes, que aquí vamos con algo de retraso: